La dieta de la crononutrición surgió en 1986 y se define como un modo alimentario que respeta el ritmo natural del organismo, o más exactamente, el de las secreciones enzimáticas.

desayuno

La crononutrición consiste en comer todos los alimentos en los momentos del día en que son más útiles, con el fin de satisfacer cada día las necesidades de energía del organismo, sin que los alimentos y las grasas se almacenen en ciertas partes del cuerpo, creando formas no deseadas.

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Los seguidores de esta dieta aseguran que las necesidades naturales ancestrales del ser humano están inscritas en el organismo, que a lo largo del día segrega, de manera organizada y calculada, diferentes sustancias (enzimas y hormonas) destinadas a asimilar un alimento u otro; así, por ejemplo, consumir fruta en el desayuno es contranatural, igual que comer pasta para cenar, ya que el organismo no necesita estos nutrientes en estos momentos; y cuando no lo necesitas lo que consumes, se almacena.

La dieta de la crononutrición está basada en las secreciones enzimáticas del organismo, es un método codificado, que impone la consumición de ciertos alimentos en una comida concreta y deja de lado otros: excepto los yogures y la leche (que contienen lactosa que el organismo no puede digerir), ningún alimento está prohibido, y no es necesario contar las calorías ni vetar las grasas y el azúcar.

Los objetivos de la dieta de la crononutrición

La crononutrición pretende eliminar los kilos de más debidos al almacenamiento inútil de los nutrientes no asimilados; siguiendo al pie de la letra este concepto, se debe reducir el peso y mantenerlo.

Este método también tiene como objetivo reequilibrar la silueta; la forma del cuerpo reflejaría la alimentación: ingerir demasiada verdura provocaría demasiadas caderas y muslos; demasiada carne, mucho pecho y hombros; demasiados alimentos feculentos, aumentarían el vientre; comiendo lo necesario en el momento adecuado se acaban los rollos.

Al seguir este método también se puede mejorar el estado de salud, sobre todo luchando contra los problemas de diabetes, colesterol, hipertensión.

Nuestro desayuno debe ser copioso y graso (queso, pan, mantequilla, embutidos…) y la merienda debe aportar azúcar (frutas y derivados, chocolate) y grasa vegetal (aguacate, aceitunas); la comida y la cena de un plato único; el azúcar añadido, la bollería, el vino y los postres en general no tienen cabida en este programa, pero se permiten dos comidas comodín a la semana.

Todas las mañana, nuestro organismo produce 3 secreciones enzimáticas: la insulina, destinada a guardar la aportación glucídica necesaria para el trabajo de los órganos; las lipasas, destinadas a metabolizar las grasas utilizadas para la fabricación de las paredes celulares; y las proteasas, destinadas a metabolizar las proteínas utilizadas para la fabricación de los contenidos celulares.

Ejemplo de desayuno durante la dieta: 100 g de queso + 70 g de pan + 20 g de mantequilla + bebida caliente sin leche ni azúcar.

Cuando es mediodía nuestros cuerpos segregan proteasas y amilasas, destinadas a poner en su lugar las proteínas celulares y a almacenas las reservas proteínicas.

Ejemplo de almuerzo: 250 g de carne O 250 g de pescado, con salsa O 3 o 4 huevos en tortilla, duros, revueltos, escaldados; + 1 bol de féculas (pasta, arroz, puré, patatas fritas), con mantequilla O 50 g de pan.

Durante la tarde, va bien un pico de insulina para utilizar los azúcares destinados a compensar el cansancio relacionado con el funcionamiento de los órganos.

Ejemplo de merienda: 30 g de chocolate negro O 1 bol de frutos secos (nueces, avellanas, pistachos) O 1 bol de olivas O 1 bol frutos secos (uvas, albaricoques, ciruelas) O 2 manzanas cocidas con mermelada, miel, sirope de arce… O 2 vasos grandes de zumo natural.

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Durante las noches apenas se producen secreciones digestivas, por lo que la asimilación de los alimentos se ralentiza.

Ejemplo de cena: pescado blanco o marisco (cantidad deseada) O 120 g de carne blanca, sin salsa + 1 bol de legumbres, eventualmente en vinagreta.

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