Sue Lonzinski, perdio 30 kilos haciendo CrossFit

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Cuando estaba a pocos meses de cumplir 40 años, me miraba al espejo cada mañana rumbo a la ducha y odiaba lo que veía. A veces mi sobrepeso hacía que me ponga a llorar. Subir los 13 escalones que me llevaban a mi cuarto me dejaba sin aliento. No era una buena forma de vida. Varias veces me había propuesto bajar de peso, y una y otra vez había fracasado. Cuando tenía veintipocos años, bajé 22 kilos con una dieta de café, cigarros y aeróbicos de steps. Siempre me quedó la duda de si podía lograrlo con una dieta adecuada y ejercicios. Llegué a pensar que era realmente imposible.

Screenshot 2014-08-12 12.19.54No obstante, me uní a Weight Watchers y a un gimnasio, usaba la trotadora y la elítptica tres veces a la semana. Empecé a bajar de peso lentamente. Mientras caminaba en la faja, veía a una instructora que supervisaba a los clientes. Ella los hacía trabajar duro y se reía con ellos. Su energía era contagiosa. Me sorprendí cuando una día vi a una de sus alumnas haciendo elevaciones parada de manos (Handstand push ups.) Pensé que si realmente quería perder peso y estar en forma, tenía que hacer más que caminar en una faja. Sospeché que aquella instructora podía ser la persona que me ayudaría a cumplir mis objetivos. Cuando tuve el coraje de hablarle, me di con la sorpresa de que ella estaba dejando el gimnasio para emprender un negocio propio. Me dio su tarjeta.

Screenshot 2014-08-12 12.19.12Ese fue el momento del cambio.

Cuando empecé a entrenar con Lis Darsh, todo era difícil y exigente. Aunque había perdido 20 kilos para ese entonces, no tenía el acondicionamiento para hacer una serie de ejercicios en forma debida. Era vergonzoso. Yo era una mujer grande que tenía que dedicar mucha energía en hacer los movimientos más básicos. No soy tímida, pero entraba al gimnasio con la cabeza baja porque me sentía intimidada.

Seguí adelante porque sentí que por primera vez alguien realmente entendió -y se preocupó por ello- lo que yo estaba tratando de lograr. Las discusiones que tuvimos acerca de nutrición, dedicación y esfuerzo eran tan importante como los ejercicios. Todos los días Lis me hacía sentir que se sentía contenta de verme allí. Todos los días elaboraba una serie de ejercicios especialmente para mí. Todos los días me decía “tú puedes lograrlo, puedes lograr lo que sea.”

Lentamente, empecé a creerle.

En setiembre ya había perdido 22 kilos. Justo en ese momento Lis anunció que iba a abrir un gimnasio afiliado a CrossFit y que íbamos a entrenar en grupos. Para ese momento, yo ya estaba en mejor forma física, pero los demás del grupo me rebasaban. Aún así entrenábamos juntos, cada quien a su nivel y ritmo. Empecé a sentirme cada vez menos como la torpe y gorda, y más como una persona con habilidades que podía ir al ritmo de los otros. Por primera vez en mi vida, me sentí parte de un grupo de gente atlética. Ese fue un punto de quiebre en mi biografía.

Para mi cumpleaños número 40, ya había perdido 30 kilos. En un acto lleno de significado, no celebré saliendo a cenar ni comiendo torta, sino ejercitándome con la “pandilla”. Mi pandilla. Al ejercicio del día lo llamamos “The Big 40″ y fue brutal. Cuarenta repeticiones de todo: ejercicio con llanta, péndulos (swing) con kettlebells, lances de bola medicinal contra la pared (wall ball), lances de bola medicinal contra el piso (ball slam), ascensos en barra, lagartijas o planchas, y un breve trote. Lo completé en 23 minutos. Ese día, cada uno de los del grupo fue parte de mi éxito. Fue un gran momento. Fue maravilloso reconocer dónde estaba y quién soy. Pero todo no acabó ahí. Desde entonces he participado en un 5K y he participado en un evento humanitario de CrossFit, que implicó más lagartijas, ascensos en barra, abdominales y sentadillas que nunca. Participé como una competidora más. Fue fantástico.

Sigo poniéndome metas en el tema de perder peso y mejorar mi condición física. Le debo mucho de lo que he logrado a Lis, a CrossFit y a la gente con la que he entrenado. A veces estoy en medio de una durísima serie de ejercicios y lloro o río cuando me doy cuenta de que puedo hacer 150 abdominales, o thrusters con 30 kilos o peso muerto con un kilaje que nunca hubiera imaginado. Miro mi cuerpo y por primera vez en mi vida noto mis músculos. Todo eso me estimula.

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Amo CrossFit. Nunca me aburro. Es siempre desafiante y gratificante. Me siento en control de lo que como y de lo que mi cuerpo puede hacer. Sé que todavía tengo un largo camino por recorrer, pero me siento la mujer más feliz. Siento como si me hubiera ganado la lotería el día que conocí a Lis. Ella me da instrucción y guía, apoyo y conocimiento para tomar control de mi cuerpo. Nunca me había ejercitado tan duro y a la vez con tanta diversión. Las otras personas del gimnasio también son increíbles. Todos nos admiramos de lo que el otro puede hacer y nos motivamos. No dudo de que alcanzaré mis siguientes metas. Sé, por primera vez en mi vida, que puedo lograrlo.

Que puedo lograr lo que sea.

Artículo original: CrossFit Journal

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